Hace menos de cincuenta años aún se podía oír por las calles de la ciudad este gritar tradicional, de las mujeres que vendían fava-rica.
Hace cincuenta años, aun se podían ver pero eran ya recuerdos de otros tiempos, en que Lisboa se llenaba de vendedores ambulantes que, o vivian dentro de la ciudad, o venían de los alrededores, de donde traían los productos de los huertos y de las cosechas. Eran los vendedores de fresas, que los traían de Sintra, en cestitas negras o marrones. Eran los vendedores de ajos, con las trenzas colgadas; eran los criadores de pavos, que llenaba las esquinas de la vieja ciudad, en navidad. Eran todos los días, mejor dicho, todas las mañanas, las mujeres de fava-rica, que por los barrios antiguos, por los mercados da Figueira y da Ribeira, por las ferias, transportaban sobre la cabeza tarteras de aluminio, envueltas en periódicos, para mantener el calor, y metidas en cestas de verja, la muy valiosa y deseada fava-rica.
Su equilibrio no era fácil, aun con las “sogras”, chorizos de trapo que servían de base a todo lo que se transportaba sobre la cabeza y que a parte del equilibrio, defendían el cuero cabelludo de las agresiones de las cestas, ”trouxas” y de las salsas. Las tarteras pesaban sobre todo quando estaban llenas, pero el lisboeta de entonces no quería perder este desayuno rico en proteínas, vitaminas, fibras y hierro. Y bajaban a la calle desde los 3º y 4º pisos pombalinos, con un cuenco o un cacho de lacon, con el sonido de ¡¡Faaava Ricaaa...!!
Fue de los árabes, como tantas otras cosas, que recibimos esta herencia. También en Marruecos aún hoy esta sopa se come por la mañana, aliñada con aceite y cominos. Según ellos, una sopa nutritiva y milagrosa, para problemas de bronquitis, asma y otras complicaciones respiratorias.
La receta es fácil:
Se ponen unas favas secas del Algarbe de remojo en la víspera, y al DIA siguiente se pelan o no, dependiendo del gusto. (Antiguamente, la fava era cocida con cáscara, lo que le daba a la sopa, un color oscuro casi negro).
Se cuecen con una poca de sal hasta que quede media desecha. En la mesa aliñada con aceite que por veces también con vinagre, para cortar el fuerte sabor de la fava, y el ajo picado.
No tiene gran secreto, pero basta con comerla para que nos demos cuenta de que es una sopa fuerte y nutritiva, que forra el estomago hasta la hora de comer.
La venta de fava-rica se perdió con el tiempo, hasta el día en que un gallego, Manolo Carrera, adoptado por Lisboa desde los catorce años y que la industria hostelera enseño y formo, decidió recuperar y devolver al patrimonio de la ciudad este monumento gastronómico, que por inercia se consumió con los cambios. En 1991, se presento al 2º Concurso Gastronómico, realizado sobre las fiestas de la ciudad, el tema "Comeres de Lisboa de ayer y de hoy", donde el plato elegido era la fava rica, quedando en primer lugar absoluto. Desde entonces no quedo en el olvido. Cuando su hijo Tiago Mariño abrió un kiosko, en la Plaza Martim Moniz, cerrado hace varios años, que rápidamente quedo decidido que se llamaría Quiosque da Fava Rica, y que la sopa del día tendría que ser la fava rica de nuestros antepasados moros.
Varias fueron las iniciativas culturales llevadas a cabo en el kiosko, teniendo como tema central la fava rica. En los circuitos a pie que se hacen por la ciudad de Lisboa, integrados en el ámbito de la "Lisboa Bohemia", promocionados por la Dra. Gabriela de Carvallo, con la colaboración de la Biblioteca del Almofariz, compilada por Manolo Carrera, se termina con la pruebas de esta sopa, en el Quiosque Fava Rica. Este circuito se realizo en el año pasado en la segunda quincena de julio.
Tiago Mariño y su mujer Sabine Costa, abrieron en Bayona, a 20 Km. de Vigo, en la costa de Galicia, una taperia, en donde aparte se pueden consultar libros sobre costumbres las tradiciones e historias de Lisboa, aparecen los "pasteis de bacalau", los "rissois" que los españoles le suelen llamar empanadillas, lo que es raro en un bar llamado Tapas-Libros Fava Rica, situado en la calle Sta. Marta de Bayona, pegado a la gasolinera de Bayona. De la mano de un gallego y de su descendiente, la tradición gastronómica y cultural de esta ciudad, con raíces en el norte de África, paso fronteras y se inmortalizo por otro lado en Galicia, donde duermen también nuestras raíces celtas.
En el 2006, Fava Rica ya es una marca europea y empieza a vender sus franquicias por el norte de Portugal y sur de Galicia, para poco a poco y futuramente crecer por Portugal y España, y quien sabe un día por otros países europeos.